¡SUELTEN A MI NANA! La hija del millonario irrumpió en pleno juicio y destapó el asqueroso secreto de su madrastra. kara

a llorar.

Pero esta vez nadie sintió compasión.

Su imperio, su reputación y su matrimonio perfecto habían quedado reducidos a cenizas.

El tribunal finalmente declaró a Lupita inocente.

Cuando le quitaron las esposas, Sofía corrió hacia ella.

—¡Nana!

Lupita cayó de rodillas y abrazó a la niña con todas sus fuerzas.

—Perdóname por no poder protegerte antes.

Sofía negó con la cabeza.

—Tú siempre me protegiste. Ahora fui yo quien te protegió a ti.

Lupita comenzó a llorar.

Durante nueve meses había perdido su libertad, su dignidad y casi toda