su habitación. Algunas veces tardaba hasta dos días en volver a comportarse como siempre.
Yo le preguntaba si había ocurrido algo.
Ella respondía que estaba cansada.
No quería presionarla, pero empecé a notar señales que me preocupaban.
Volvió a despertarse por las noches.
Comenzó a morderse las uñas hasta hacerse daño.
Una vez escondió un vaso roto debajo de su cama porque temía que yo me enfadara.
—No estoy enfadada —le dije—. Solo quiero que no te cortes.
Ella me miró sorprendida.
—Papá grita cuando rompo algo.
Sentí un nudo