Mi madre la recibió con los brazos abiertos y la sentó en su regazo.
—Señora Navarro —dijo la jueza—, ¿desea añadir algo?
Esta vez encontré la voz.
—Solo quiero decir que mi hija nunca debió verse obligada a hacer esto. Yo pensaba que la protegía manteniéndola lejos del conflicto, pero no vi lo sola que se sentía.
Respiré profundamente.
—No quiero castigar a su padre. Quiero que Lucía esté segura y que cualquier relación con él ocurra de una forma que no vuelva a asustarla.
La jueza asintió.
Revisó algunas