oscuros no se apartaban de mí.
Ella sabía que yo estaba asustada.
Podía verlo aunque yo intentara respirar con normalidad.
La jueza Morales dejó el bolígrafo sobre la mesa.
—Señora Elena Navarro, ¿desea responder a lo que acaba de decir el padre de la menor?
Abrí la boca.
No salió ninguna palabra.
Mi abogado me miró de reojo y esperó. Yo había preparado respuestas durante semanas, pero en aquel momento todas desaparecieron.
Sentía la garganta cerrada.
La sala quedó en silencio.
Andrés inclinó ligeramente la cabeza, como si mi incapacidad