hoja.
—¿Ya terminó? —preguntó.
No quise mentir.
—La parte más difícil terminó. Ahora estamos más seguras.
—¿Tengo que verlo?
—Algunas veces, pero nunca estarás sola. Habrá personas preparadas contigo y podrás decir si algo te asusta.
Lucía dejó el lápiz sobre la mesa.
—Me alegra haber contado la verdad.
—A mí también.
Aquella tarde fuimos a un pequeño restaurante que le encantaba.
Tenía mesas sencillas, manteles de papel y tortitas con forma de animales.
Lucía pidió una con forma de gato y un vaso de leche con chocolate.
Mi madre