pidió café y pasó varios minutos acomodando los sobres de azúcar para disimular que estaba emocionada.
—Abuela —dijo Lucía—, puedes llorar. Mamá dice que se pueden sentir muchas cosas a la vez.
Mi madre soltó una risa entre lágrimas.
—Tu madre tiene razón de vez en cuando.
—De vez en cuando no —protesté—. Bastantes veces.
Nos reímos las tres.
Fue una risa pequeña, todavía cansada, pero auténtica.
Durante los meses siguientes, aprendimos que sentirse a salvo no sucede de un día para otro.
Lucía continuó despertándose algunas noches.
A veces