oscuras y figuras muy pequeñas escondidas en las esquinas.
Poco a poco aparecieron puertas abiertas.
Árboles con raíces.
Niñas tomadas de la mano de sus madres y abuelas.
Un día dibujó el frasco de la verdad como si fuera una lámpara.
Pegó el dibujo en la pared de su habitación.
Seguimos sacando una nota cada noche.
“¿Se puede querer a alguien y estar enfadada con esa persona?”
“¿Por qué algunos adultos no piden perdón?”
“¿Puedo cambiar de opinión?”
“¿Una niña puede proteger a una persona mayor?”
Cuando leímos la última,