al funcionario, quien la llevó hasta la jueza.
—Papá dejó su teléfono en el sofá —explicó Lucía—. Estaba desbloqueado y empezó a gritar. Yo activé la cámara y después envié el video a mi tableta porque pensé que podía borrarlo.
Andrés se inclinó hacia su abogado y le susurró algo.
Por primera vez desde que había comenzado la audiencia, parecía nervioso.
La jueza sostuvo la tableta sin pulsar todavía la pantalla.
—¿Por qué decidiste grabarlo?
Lucía bajó la mirada durante un instante.
—Porque pensé que, si yo contaba lo que