una bandeja metálica y la voz serena de la doctora Paloma explicando algo, mientras la lluvia repicaba contra los ventanales de la enfermería. La escena era tan nítida que la superiora tuvo que apoyar la mano sobre la madera del escritorio para asegurarse de que aún se encontraba en su despacho.
Con cuidado, colocó la cinta sobre un pañuelo limpio y extendió la mano hacia el teléfono. Pero se detuvo antes de levantar el auricular.
Tres años protegiendo un silencio
Durante tres años, la madre Caridad había hecho todo lo