qué contenía realmente aquel frasco.
Una vez al mes, Víctor recibía un pequeño paquete por correo. Lo bajaba de inmediato al sótano y regresaba con una botella llena, sin etiqueta. Cuando le preguntaba quién se lo enviaba, respondía que era un viejo amigo, pero cambiaba de tema si yo sugería invitarlo a cenar.
Una noche decidí no beber. Aproveché que Víctor salió un momento y vacié el contenido del vaso en una maceta con flores. A la mañana siguiente, las hojas de la planta estaban negras. Mis manos empezaron a