El Panadero Que Defendió La Dignidad De Un Albañil Y Cambió Un Barrio

leer la siguiente parte de la historia.

Sus ojos se humedecieron.

—Gracias.

Salió despacio.

Y la campanita volvió a sonar.

El lunes siguiente, Miguel regresó.

Entró apoyando un poco mal el pie.

Lucía venía con él, cargando una carpeta azul contra el pecho.

—No deberías andar tanto —le dije.

—Tampoco debería estar todo el día sentado —respondió.

Volvía a ser él.

Callado.

Digno.

Teresa entró cinco minutos después.

La vi detenerse al reconocerlo.

Miguel también la vio.

El aire se tensó.

Lucía se pegó un poco más a su padre.