drian me apartó y corrió hacia la UCI.
—¡Mamá!
Lo seguí.
Margaret seguía viva, pero el retraso había reducido seriamente las opciones que habíamos tenido treinta minutos antes.
Adrian se volvió hacia mí.
—Opérala ahora.
Lo miré sin moverme.
—¿Ahora mi licencia sí te parece válida?
—Elena, por favor.
Era la primera vez que escuchaba miedo verdadero en su voz.
El jefe de Neurocirugía apareció detrás de nosotros.
—La doctora Morales no puede intervenir todavía.
Adrian palideció.
—¡Ya verificamos su licencia!
—Tú mismo activaste una suspensión formal. Hasta que quede