decía que todos cabían cuando había respeto.
Y algo cambió en la panadería.
No de forma enorme.
No salí en ningún sitio.
No vinieron cámaras.
No pasó nada de esas cosas que la gente espera cuando una historia se vuelve bonita.
Solo cambió lo que tenía que cambiar.
Los clientes empezaron a saludar más.
A mirar menos la ropa de los demás.
A dejar pasar a quien venía con prisa de verdad.
A preguntar el nombre antes de juzgar una cara.
Teresa volvió algunas mañanas.
Al principio se quedaba al