parte que entonces todavía no comprendía.
Que una familia no vuelva a ser como antes no siempre significa que quedó destruida.
A veces significa que por fin dejó de estar construida sobre una mentira.
Daniel y yo seguimos adelante.
No ilesos.
No olvidándolo todo.
No fingiendo que aquello nunca ocurrió.
Seguimos adelante sabiendo exactamente lo que había ocurrido y negándonos a permitir que definiera el resto de nuestras vidas.
Y si alguna vez alguien me pregunta cuál fue el momento en que terminó realmente mi matrimonio de treinta y un