A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

—Al principio.

—¿Y después?

—Después Daniel fue bueno conmigo.

Su voz se quebró.

—Muy bueno.

—Entonces debiste irte.

—Lo sé.

—No. Lo sabes ahora porque te descubrieron.

Laura lloraba en silencio.

No sentí satisfacción.

Solo cansancio.

—¿Te enamoraste de mi hijo?

—Sí.

—¿Y aun así volviste con Ricardo?

—Sí.

—Dos semanas después de comprometerte.

Asintió.

—¿Por qué?

—Ricardo apareció en mi apartamento.

—¿Y?

—Me dijo que verme con Daniel lo estaba volviendo loco. Que ahora sí entendía que me amaba.

Cerré los ojos.

Una parte de mí quería reírse de