era quedarme solo.
Ahora sé que existe algo mucho peor: compartir tu vida con alguien que sonríe mientras calcula cuánto ganará cuando tú ya no estés.
Por eso, cada vez que miro aquella etiqueta, no recuerdo solamente el día en que casi morí.
Recuerdo el día en que aprendí a distinguir entre quien te dice que te ama y quien demuestra, con sus acciones, que tu vida realmente le importa.
Porque aquella mañana desperté en una morgue creyendo que había perdido mi vida. Pero la verdadera tragedia habría sido no