abierta y, una tarde, Valeria había encontrado conversaciones con Mariana.
Al principio creyó que eran bromas.
Pero había fotografías, mensajes románticos y referencias a encuentros que comenzaron mucho antes de nuestro divorcio.
Mariana incluso se burlaba de mí.
Decía que yo me había vuelto aburrida y que Ricardo merecía una mujer que supiera hacerlo feliz.
—Tomé fotografías de las conversaciones —susurró Valeria—. Las guardé en mi correo porque pensé que algún día tendría que enseñártelas.
Una tarde, Mariana descubrió lo que había encontrado.
Le quitó la tableta, borró las conversaciones