Mi marido me abandonó en el aeropuerto; ocho días después me preguntó por qué aún no había vuelto a casa

Diecinueve eran suyos.

Al principio, enfadados.

“Esto es ridículo.”

“No puedes marcharte sin hablar conmigo.”

“Tenemos una casa.”

“Tenemos un matrimonio.”

Después el tono había cambiado.

“¿Cuándo vuelves?”

“Olivia, ya entendí el mensaje.”

“Lo del aeropuerto estuvo mal.”

“Podemos hablar.”

El último decía:

“Por favor, dime al menos que estás bien.”

Ése casi consiguió que respondiera.

Casi.

Pero antes de hacerlo recordé algo.

Durante ocho días él había sabido perfectamente que yo estaba sola.

No preguntó una sola vez si estaba bien.

Guardé el teléfono.

Me dormí.

A las seis