por una pelea.
Mi voz se suavizó.
—Estoy dejando de usar los seis años como excusa para soportar el séptimo.
No respondió.
Me sorprendí a mí misma.
Aquella frase no la había preparado.
Pero era verdad.
Ethan permaneció dos días en Toronto.
No volvió a aparecer en mi hotel.
Eso, al menos, lo respetó.
Me pidió vernos en una cafetería antes de regresar a Chicago.
Acepté.
Quería saber si podíamos hablar sin convertir cada frase en una batalla.
Nos sentamos frente a frente.
Parecía cansado.
—He pensado mucho.
—Bien.
—Y