fue:
—Mi madre lleva una hora esperándonos.
—El vuelo se retrasó.
—Siempre hay algo contigo.
Intenté no discutir.
—Podemos ir directamente a cenar.
Pero su expresión se endureció.
—No. Tú puedes buscar cómo volver.
Y se marchó.
Conseguí un taxi cuarenta minutos después.
El conductor me observó por el espejo.
—¿Problemas con el novio?
—Es mi marido.
Silbó.
—Eso es peor.
Cuando llegué a casa pasaban de las once.
Faltaban varias camisas de Ethan.
También su neceser.
Sobre la mesa había tres cigarrillos apagados, aunque llevaba dos años diciendo que