suena patético.
—Suena humano.
Me miró.
—¿Entonces todavía hay una posibilidad?
Ahí estaba el peligro.
Una conversación honesta y de pronto él creía que todo podía arreglarse.
—No lo sé.
Su rostro cambió.
—Pero…
—Ethan, entender por qué me hiciste daño no deshace el daño.
—Estoy intentando asumirlo.
—Lo sé.
—Entonces dame una oportunidad.
—¿Para qué?
—Para arreglar nuestro matrimonio.
Guardé silencio.
—Puedo ir a terapia.
—Deberías.
—Podemos ir juntos.
—Tal vez.
—Puedo venir a Toronto.
Aquello me hizo levantar la mirada.
—¿Qué?
—Puedo pedir traslado.
—No.
—¿Por qué no?