—Porque hace tres días creías que mi traslado era una traición.
—He cambiado de opinión.
—Hace tres días.
—¿Eso es malo?
—Es impulsivo.
Lo observé.
—No quiero que abandones tu vida para venir aquí y dentro de seis meses me culpes por eso.
—No lo haré.
—No puedes prometerlo.
—¿Entonces qué quieres de mí?
Ésa era la pregunta que siempre acabábamos haciéndonos.
¿Qué quieres?
Como si cada conversación necesitara una lista de instrucciones.
Pensé.
—Quiero espacio.
—Ya tuviste ocho días.
Casi me reí.
—No, Ethan.
Lo miré con tristeza.
—Tú