Mi marido me abandonó en el aeropuerto; ocho días después me preguntó por qué aún no había vuelto a casa

Años más tarde esa misma mesa está en nuestra casa.

Tiene marcas de vasos.

Un pequeño arañazo que hizo nuestro sobrino.

Una esquina golpeada durante una mudanza.

Y algunas noches, cuando está llena de gente hablando demasiado fuerte, pienso en la primera vez que cené sola allí.

Recuerdo a aquella mujer recién llegada a Canadá.

Asustada.

Casada todavía.

Con dos maletas.

Preguntándose si acababa de destruir su vida.

Quisiera sentarme frente a ella.

Servirle una copa.

Decirle que no.

Que no estaba destruyendo nada.

Estaba dejando de mantener con sus