de aquello.
Él simplemente llegó cuando yo había aprendido a no confundir amor con sacrificio permanente.
Y por eso puedo amarlo sin desaparecer dentro de nuestra relación.
Conservo una cosa de mi primer matrimonio.
No la alianza.
La vendí.
Con aquel dinero compré la primera mesa de mi apartamento en Toronto.
Una mesa de madera clara para seis personas.
No necesitaba una mesa para seis.
Vivía sola.
Pero la compré porque me gustaba.
Durante meses sólo había un plato sobre ella.
Después vinieron compañeros de trabajo.
Amigos.
Mi madre.
Noah.