quedaba alguien vivo. Siempre le decía que no había nadie que valiera la pena conocer. Seguro que preguntó por Daniel en cuanto me di la vuelta.
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Colette me llamó varias veces, incluso ese sábado. Me contó que Maya llevaba meses enviándole mensajes y que planeaba irse a vivir con ella. Fui al río para intentar convencer a Maya de que desistiera —¡Mamá, te lo juro!—. Creía que tenía hasta el final del verano. Pero saltó del kayak en una curva del río y ¡saltó