estimado del vuelo y hasta soltó uno de esos chistes malos que siempre contaba en casa.
Mateo estaba fascinado.
Pero de pronto hubo una pausa.
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Una pausa demasiado larga.
Luego Alejandro volvió a hablar.
—Antes de despegar, quiero hacer algo que nunca había hecho durante un vuelo.
Bajé lentamente el teléfono.
—Hay una persona muy especial en este avión —continuó—. Una persona que significa absolutamente todo para mí.
Mateo abrió los ojos.
—¡Nos descubrió!
Empezó a levantarse.
Yo también estuve a punto de hacerlo.
Hasta