me había pedido que diferenciara los hechos de mis sospechas.
Aquellas páginas me obligaron a reconocer cuánto había cambiado mi vida. Antes de casarme trabajaba, veía a mis amistades y podía salir sin preparar explicaciones. Poco a poco había renunciado a esas libertades para evitar discusiones. Víctor siempre encontraba una nueva razón para molestarse. Si hablaba con Gabriel, era una traición. Si necesitaba dinero, debía justificarlo. Si estaba enferma, exageraba. Ni siquiera mi embarazo había conseguido que dejara de tratarme así.
En el alojamiento temporal continuaba recuperándome. Algunas noches despertaba