Mi esposo me golpeó hasta dejarme inconsciente cuando yo tenía seis meses de embarazo. Su madre aplaudió mientras él me golpeaba, su padre se rio y su hermana grabó todo con su teléfono. Aquella madrugada, mientras intentaba proteger a mi hija, comprendí que ninguno de ellos pensaba ayudarme. Lo único que podía salvarnos estaba escondido detrás de una silla, a unos pasos de mí, pero Víctor estaba decidido a impedir que lo alcanzara.

me había pedido que diferenciara los hechos de mis sospechas.
Aquellas páginas me obligaron a reconocer cuánto había cambiado mi vida. Antes de casarme trabajaba, veía a mis amistades y podía salir sin preparar explicaciones. Poco a poco había renunciado a esas libertades para evitar discusiones. Víctor siempre encontraba una nueva razón para molestarse. Si hablaba con Gabriel, era una traición. Si necesitaba dinero, debía justificarlo. Si estaba enferma, exageraba. Ni siquiera mi embarazo había conseguido que dejara de tratarme así.
En el alojamiento temporal continuaba recuperándome. Algunas noches despertaba