respiraba con dificultad.
Pero estaba vivo.
—Wyatt…
El gemelo no respondía.
Hannah golpeó suavemente el ataúd.
—¡Wyatt! ¡Despierta, por favor!
Entonces ocurrió algo.
Un pequeño movimiento.
Un gemido.
Wyatt abrió los ojos.
Los tres seguían vivos.
Pero la batería bajaba.
2%.
Hannah miró el teléfono.
Necesitaba hacer una llamada.
Una sola.
Con manos temblorosas marcó el número de emergencia.
La señal era débil.
Muy débil.
Por un segundo pensó que no funcionaría.
Entonces escuchó una voz.
—911, ¿cuál es su emergencia?
Hannah cerró los ojos.
Y por primera vez desde