los dos.
—Dejaste de hablar de él.
—Porque cada conversación me recordaba que no iba a volver a casa.
Nathan se quedó mirando sus manos.
—A veces olvido cómo sonaba la voz de papá. El abuelo me cuenta historias que yo no recuerdo.
Me dolió el corazón.
—Yo también debería haberte contado historias.
—Todavía puedes hacerlo.
Le tomé la mano.
—Ven conmigo.
En el armario de mi dormitorio había una caja que no había abierto desde la muerte de Michael. Dentro estaban su cuaderno, una fotografía, su reloj roto y