Cuando 740 niños fueron condenados a muerte en alta mar durante la Segunda Guerra Mundial, el mundo entero dijo “no”. Solo un hombre dijo “sí”. Era 1942. Un viejo barco flotaba a la deriva en medio del Océano Índico como un ataúd. A bordo viajaban 740 niños polacos, huérfanos que habían sobrevivido a los campos de trabajo soviéticos donde sus padres habían muerto de hambre, enfermedad y agotamiento. onJune 10, 2026