su nuevo vestido rojo.
Por primera vez en su vida, no llevaba aquella chaqueta enorme con la que siempre intentaba esconder su cuerpo.
Michael miró sorprendido a su madre.
—¡Mamá, estás preciosa!
Ella soltó una carcajada.
—Lo
sé, hijo. Por primera vez, yo también lo sé.
Aquel día nos tomamos una fotografía juntas.
Yo, con mis tatuajes.
Mi suegra, con su vestido rojo.
Y la pequeña Hope, acurrucada entre nuestros brazos.
Unos meses después, tras hablar de todo con mi