tiempo comencé a sentir miedo.
Me imaginaba teniendo una hija que algún día se pararía frente al espejo, igual que yo, y odiaría su propio cuerpo.
Esa idea no me dejaba en paz.
Decidí que, antes de que naciera mi bebé, tenía que cambiar algo.
No mi peso.
No mi rostro.
Sino
a manera en que me veía a mí misma.
Durante mi embarazo, comencé a consultar con profesionales. Por razones de seguridad, decidí posponer los tatuajes permanentes y opté por diseños