Adrián bebió un sorbo de vino.
Sonrió.
—No se irá.
—¿Tan seguro estás?
—Siempre vuelve.
Todos rieron.
Yo también.
Pero por primera vez, él no vio mi sonrisa.
Porque ya estaba mirando a Mateo.
El hombre sentado a mi lado.
El novio de la mujer que ocupaba mi sitio.
Mateo dejó una curita sobre la mesa.
—Te estás lastimando el talón.
La tomé.
Él miró el escenario.
Después me preguntó:
—Elena, ¿de verdad quieres seguir con esta boda?
Miré a Adrián abrazando a Camila mientras se tomaban fotografías.
Y algo