Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

dentro de mí se apagó.

—No.

Me puse de pie.

—Nos vamos.

Salimos sin que Adrián siquiera lo notara.

En el estacionamiento, Mateo me miró.

—Lo que dijiste en el coche… ¿era en serio?

Recordé mis propias palabras.

Si a ellos les gusta tanto equivocarse de pareja, quizá nosotros también deberíamos casarnos con la persona equivocada.

Lo miré.

—Completamente.

Mateo sacó el teléfono.

Marcó un número.

—Mamá, necesito el salón del último piso.

Hizo una pausa.

—Sí, hoy.

Otra pausa.

—No, la boda no se canceló.

Me miró directamente.

—Solo