miró a Mateo.
—¿Y tú?
—Camila lleva años haciendo lo mismo conmigo.
—¿Estáis enamorados?
Silencio.
Yo fui la primera en responder.
—No.
Clara abrió los brazos.
—¡Gracias!
—Todavía.
Bajó lentamente los brazos.
—¿Todavía?
Mateo me miró.
No aparté los ojos.
—No voy a fingir que lo amo. Sería absurdo.
—Entonces ¿por qué casarte?
Pensé en la respuesta.
—Porque confío más en cómo me ha tratado hoy, cuando no me debía nada, que en cómo Adrián me trató el día que se suponía que debía elegirme delante de todos.
Clara dejó