Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

de hablar.

—Eso sigue siendo una locura —murmuró.

—Sí.

—Mamá va a matarte.

—Probablemente.

—Papá también.

—Seguramente.

Clara se frotó la frente.

—Bien.

—¿Bien?

—No dije que lo aprobara.

—Entonces…

—Dije que si lo vas a hacer, no vas a hacerlo sin tu hermana.

Me abrazó.

Y ahí sí lloré.

No cuando Adrián soltó mi muñeca.

No cuando Camila se llevó mi ramo.

No cuando bebieron juntos.

Cuando Clara me abrazó.

Porque hasta entonces había pasado horas rodeada de gente que me decía que estaba exagerando.

Y por fin alguien