Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

subieron.

Eso fue quizá lo más revelador.

No todas las personas que habían reído con Adrián siguieron haciéndolo cuando comprendieron que la broma podía costarle la boda.

Mi tía Rosa apareció con sus zapatos en la mano.

—Yo siempre dije que esa Camila era demasiado pegajosa.

Mi madre la fulminó.

—Nunca dijiste eso.

—Lo pensé.

—No cuenta.

—Ahora cuenta.

Los primos de Mateo comenzaron a mover mesas.

Victoria reorganizó el menú.

Clara tomó mi ramo y le quitó varias flores aplastadas.

—Esto está arruinado.

—Déjalo.

—No.

Sacó unas tijeras.

—Si