de decir que no sabes.
—Quiero intentarlo.
—Te voy a pisar.
—Yo a ti también.
—Perfecto.
El coordinador sonrió.
—Primer baile confirmado.
Adrián no se fue.
Eso era inevitable.
Se quedó en el pasillo.
A veces solo.
A veces con su madre.
A veces con amigos.
Camila también seguía allí.
Pero ya no estaba junto a él todo el tiempo.
Algo había cambiado entre ellos.
Cuando ya no eran una pareja “de broma”, la cercanía parecía más peligrosa.
Mateo recibió un mensaje.
Lo leyó.
—Camila quiere hablar conmigo.
—Ve.
Me