Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

miró sorprendido.

—¿Seguro?

—Sí.

—¿No te molesta?

Pensé.

—No somos pareja todavía.

—Estamos a punto de casarnos simbólicamente.

—Eso no te convierte en mi propiedad.

Mateo me sostuvo la mirada.

Algo parecido a sorpresa apareció en su rostro.

—Cinco minutos.

—Tómate los que necesites.

Se fue.

Clara se acercó.

—Eso fue muy maduro.

—Estoy intentando compensar lo de casarme con alguien hoy.

—No compensa.

—Déjame creer.

Más tarde, Mateo me contó la conversación.

Camila había llorado.

Le dijo que nunca había querido hacerle daño.

Que su relación con Adrián era “