Cerré un poco la puerta.
—Nada de esto fue justo.
Mateo y yo tardamos tres meses en firmar el matrimonio civil.
No tres días.
No una semana.
Tres meses.
Durante ese tiempo hicimos algo que a Adrián le habría parecido poco romántico.
Hablamos.
Mucho.
Dinero.
Familia.
Exparejas.
Trabajo.
Dónde vivir.
Si queríamos hijos.
Deudas.
Hábitos.
Celos.
Miedos.
Terapia.
Expectativas.
Dormimos separados durante casi todo ese tiempo.
Nuestros amigos hacían bromas.
—La boda más rápida con el matrimonio más lento.
Nos parecía perfecto.
Una noche, Mateo me dijo:
—Quiero darte una