salida.
Estábamos cenando en un restaurante pequeño.
—¿De qué?
—Del matrimonio legal.
—¿Por qué?
—Porque la ceremonia ocurrió en un día terrible.
—También hermoso.
—Elena.
—Habla.
—No quiero que dentro de cinco años pienses que te aprovechaste de tu dolor para casarte conmigo.
Lo miré.
—¿Y tú?
—¿Qué?
—¿No te preocupa pensar lo mismo?
—Sí.
—Entonces los dos podemos irnos.
Mateo se quedó quieto.
—¿Quieres?
—No.
—Yo tampoco.
—Entonces deja de intentar salvarme de una decisión que también es mía.
Sonrió.
—Eso sonó amenazante.
—Era romántico.
—Tenemos que trabajar tu