de todo el mundo, él demostró algo que yo llevaba años negándome a mirar.
Sabía que estaba haciéndome daño.
Y estaba convencido de que mi amor sería suficiente para impedirme irme.
Eso fue lo que terminó nuestra historia.
No Camila.
No Mateo.
Ni siquiera la traición de cuatro años atrás.
Fue su certeza.
“Ella siempre vuelve.”
Nunca olvidaré esa frase.
Porque durante años fue verdad.
Siempre regresaba.
Después de cada discusión.
Después de cada límite cruzado.
Después de cada vez que me hacía sentir exagerada.
Volvía.
Hasta aquella mañana.
Aquella