Mi esposo me llamaba desde su supuesto trabajo y decía: “Aguanta un poquito más, pronto tendremos nuestra casa”. Mientras tanto, nuestro hijo de tres años y yo vivíamos entre goteras. Hasta que mi abuelo llegó y preguntó dónde estaba la residencia que nos había comprado. Guardé la dirección y fui sin avisar. Allí encontré a mi marido, a otra mujer y a mi suegra viviendo como millonarios…

demuestra ningún delito.

—Tendrá oportunidad de explicarlo ante las autoridades —respondió ella—. También hemos solicitado una revisión pericial de los documentos donde aparece la firma de Mariana.

Mi abuelo señaló el supuesto poder.

—Además, Mariana jamás autorizó que tomaras decisiones sobre su patrimonio. Y mi autorización para administrar ciertos proyectos no incluía apropiarte de los recursos.

Ricardo intentó tomar los papeles, pero Gabriela los retiró.

—Son copias. Los originales están resguardados.

Entonces mi abuelo reveló algo todavía más doloroso.

Ricardo le había enviado mensajes falsos durante meses, asegurando que yo