y yo.
Patricia decidió intervenir.
—¡Todo esto es culpa de Mariana! Si hubiera sido una buena esposa, mi hijo no habría tenido que buscar otra mujer.
La miré incrédula.
—¿También fue culpa mía que le negara dinero a Mateo cuando necesitaba medicinas?
—Mi hijo tenía responsabilidades importantes.
—¿Más importantes que alimentar a su propio hijo?
No respondió.
Valeria, que hasta entonces había permanecido callada, tomó una copa de agua y se acercó furiosa.
—No voy a permitir que vengas a humillarnos en nuestra propia casa.
Antes de que pudiera apartarme,