me lanzó el agua sobre el vestido.
Algunas personas que acababan de llegar a la celebración se quedaron paralizadas.
Sentí el agua fría recorrerme el cuello.
Vi las expresiones de desprecio de las dos mujeres y el silencio cobarde de Ricardo.
Entonces observé nuevamente la pulsera en la muñeca de Valeria.
—Quítatela —le dije.
—¿Perdón?
—La pulsera. Es de mi madre.
Valeria miró a Ricardo.
—Él me la regaló.
—Mi mamá la recibió cuando se casó. Antes de morir me la dejó junto con una carta. Ricardo la sacó de