Mi esposo me llamaba desde su supuesto trabajo y decía: “Aguanta un poquito más, pronto tendremos nuestra casa”. Mientras tanto, nuestro hijo de tres años y yo vivíamos entre goteras. Hasta que mi abuelo llegó y preguntó dónde estaba la residencia que nos había comprado. Guardé la dirección y fui sin avisar. Allí encontré a mi marido, a otra mujer y a mi suegra viviendo como millonarios…

restituir cantidades importantes, mientras continuaban los procedimientos correspondientes.

Se vendieron bienes que había adquirido con dinero desviado para recuperar parte de los recursos.

Patricia tuvo que devolver algunas joyas y objetos cuya procedencia no pudo justificar.

Valeria perdió las comodidades que Ricardo le proporcionaba y tuvo que responder por determinadas transferencias que había recibido.

Ninguno pudo conservar aquella vida de apariencias.

Pero yo tampoco quería pasar el resto de mis días pensando en su desgracia.

Retomé mis estudios de diseño y decidí abrir un pequeño taller de confección.

Mi abuelo