Mi esposo me llamaba desde su supuesto trabajo y decía: “Aguanta un poquito más, pronto tendremos nuestra casa”. Mientras tanto, nuestro hijo de tres años y yo vivíamos entre goteras. Hasta que mi abuelo llegó y preguntó dónde estaba la residencia que nos había comprado. Guardé la dirección y fui sin avisar. Allí encontré a mi marido, a otra mujer y a mi suegra viviendo como millonarios…

me prestó el capital inicial, con una condición que yo misma propuse: llevaría cuentas claras y devolvería el préstamo con las ganancias.

Al principio solamente tenía tres máquinas de coser y cuatro trabajadoras.

Confeccionábamos uniformes, blusas y vestidos sencillos.

Después empezaron a llegar pedidos de tiendas locales.

Llamé al negocio Hilando Futuro.

Contraté a mujeres que, como yo, habían tenido que abandonar sus proyectos para cuidar a sus familias o sobrevivir a relaciones difíciles.

No todas habían vivido grandes traiciones. Algunas solamente necesitaban una oportunidad.

Y eso fue lo que