me prestó el capital inicial, con una condición que yo misma propuse: llevaría cuentas claras y devolvería el préstamo con las ganancias.
Al principio solamente tenía tres máquinas de coser y cuatro trabajadoras.
Confeccionábamos uniformes, blusas y vestidos sencillos.
Después empezaron a llegar pedidos de tiendas locales.
Llamé al negocio Hilando Futuro.
Contraté a mujeres que, como yo, habían tenido que abandonar sus proyectos para cuidar a sus familias o sobrevivir a relaciones difíciles.
No todas habían vivido grandes traiciones. Algunas solamente necesitaban una oportunidad.
Y eso fue lo que