tener una tienda más grande?
Miré el espacio vacío que pronto llenaríamos con nuestro trabajo.
Sonreí.
—Claro que sí. Pero vamos a conseguirlo juntas, sin pisotear a nadie para llegar.
Aquella tarde regresé a casa y encontré a Mateo dibujando con su bisabuelo.
Había pintado una casa pequeña, un jardín lleno de flores y tres personas tomadas de la mano.
—Mira, mamá —me dijo orgulloso—. Esta es nuestra casa.
Me señaló una figura con vestido azul.
—Esta eres tú. Aquí estoy yo. Y este es el bisabuelo.
Lo abracé con