un gran trabajo.
Hubo una pausa.
—Me alegra verte feliz, Victoria.
—Estoy en paz. No es lo mismo, pero es mejor.
Él sonrió con tristeza.
Antes de marcharse, sacó algo del bolsillo.
Era una pequeña caja de terciopelo.
Por un instante sentí que el pasado intentaba alcanzarme.
—Compré este anillo hace tres años —dijo—. Pensaba pedírtelo cuando consiguiera la dirección del hospital.
No acepté la caja.
—Ese fue siempre tu problema, Adrian. Todo tenía que ocurrir después de que obtuvieras algo.
—Lo sé.
—Yo no necesitaba un director