mismo día comenzaron a llegar personas a la casa.
Santiago había pedido hablar con quienes trabajaban en la ladrillera.
Llegó Don Jacinto, de 71 años, que debía originalmente 12,000
pesos y llevaba 8 años pagando.
Llegó Maribel, viuda con 3 hijos, a quien Evaristo amenazaba con quitarle media hectárea heredada.
Llegó Octavio, cuyo padre murió trabajando frente a los hornos y cuya supuesta deuda pasó automáticamente al hijo.
Cada historia era peor que la anterior.
Teresa observaba desde la cocina.
—Todos sabíamos que era abuso —dijo Jacinto—. Pero aquí